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El pasado 9 de julio, Guatemala y el mundo entero fueron testigos del fallecimiento de uno de los más grandes cantautores de Latinoamérica. Facundo Cabral no era otro cantautor argentino más a la lista de la industria musical, cada etapa de su vida y su carrera fue transformándose según los propósitos que Dios tenía para él. Era un espíritu que cantaba con todo su corazón a la vida en todas sus facetas, pero siempre manteniendo a Dios en el centro. Se estima que Facundo recorrió 159 países, llevando consigo los mensajes de paz que tanto necesitaba el mundo, y que continúa necesitando con urgencia.

Antes de su asesinato, Facundo se presentó en la Ciudad de Guatemala el martes 5 de julio de 2011 en el Expocenter del Grand Tikal Futura Hotel a las veinte horas, en donde para despedirse expresó lo siguiente: “ya le di las gracias a ustedes; las daré en Quetzaltenango, y después que sea lo que Dios quiera, porque Él sabe lo que hace”. El jueves 7 se presentó en el que sería su último concierto, en el Teatro Roma de la ciudad de Quetzaltenango, el cual cerró interpretando la canción No soy de aquí, ni soy de allá. Con estas últimas palabras está más que claro que Facundo llegó a conocer cúal era su vedadero propósito en esta vida terrenal y cómo debía lograrlo con el talento que solamente el Creador pudo haberle brindado.

Durante todo el fin de semana, los noticieros guatemaltecos se dieron a la tarea de recorrer las calles para transmitir en vivo el homenaje que gran cantidad de personas realizaron a Facundo. Recordando sus canciones y poemas, llorándolo y vistiendo de luto. Lamentablemente, Facundo no ha sido el único en la triste historia de nuestro país, uno que no solamente ha sufrido guerra y genocidio en épocas pasadas sino que también sufre y se ve afligido por la violencia e inseguridad que se vive en las calles de hoy. La pregunta de todo ciudadano guatemalteco es ¿hasta cuándo? hasta cuándo y hasta cuánto tendremos que soportar, cuántas otras vidas deben ser sacrificadas antes de que el gobierno y la sociedad realmente se ponga en pié para luchar y denunciar el mal.

Ya es hora de que como un sólo pueblo nos unamos en paz y en oración, basta de las divisiones y barreras que solamente nosotros mismos creamos, sea por raza, religión, sexo, edad, creencias, niveles socio-económicos etc. etc. El hecho es que somos un pueblo creado con la misma mano divina y no con el propósito de matarnos unos a otros o de discriminarnos unos a otros, porque a la verdad, todos somos hermanos. Es entonces que por último deberíamos preguntarnos ¿qué estamos haciendo para promover y respetar nuestra hermandad? ¿que tan responsables seremos en el momento de elegir a nuestro próximo gobernante? y ¿cuántos Facundos más tendran que morir antes de que actuemos como una sociedad unida?

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